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Discurso a los griegos

Capítulo 23: La autocontradicción de Platón

Pero, tal vez, algunos que no están dispuestos a abandonar las doctrinas del politeísmo dirán que a estos dioses modelados el hacedor les dijo: "Puesto que habéis sido producidos, no sois inmortales, ni en absoluto imperecederos; sin embargo, no pereceréis ni sucumbiréis a la fatalidad de la muerte, porque habéis obtenido mi voluntad, que es un vínculo aún mayor y más poderoso." Aquí Platón, por miedo a los seguidores del politeísmo, introduce a su "hacedor" pronunciando palabras que se contradicen a sí mismas. Pues habiendo afirmado anteriormente que dijo que todo lo que se produce es perecedero, ahora le presenta diciendo justamente lo contrario; y no ve que le es absolutamente imposible escapar a la acusación de falsedad. Porque o bien al principio habló falsamente cuando dijo que todo lo que se produce es perecedero, o bien ahora, cuando propone justamente lo contrario de lo que había dicho anteriormente. Porque si, según su definición anterior, es absolutamente necesario que toda cosa creada sea perecedera, ¿cómo puede hacer posible lo que es absolutamente imposible? De modo que Platón parece conceder una prerrogativa vacía e imposible a su "hacedor", cuando propone que aquellos que una vez fueron perecederos por estar hechos de materia, se conviertan de nuevo, por su intervención, en imperecederos y duraderos. Porque es muy natural que el poder de la materia, que, según la opinión de Platón, es increado y coetáneo con el hacedor, se resista a su voluntad. Pues quien no ha creado no tiene poder alguno respecto de lo increado, de modo que no es posible que (la materia), siendo libre, pueda ser controlada por ninguna necesidad externa. Por ello, el mismo Platón, considerando esto, ha escrito así: "Es necesario afirmar que Dios no puede sufrir violencia".

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