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Contra las herejías: Libro II

Capítulo 8:-Los objetos creados no son un reflejo de la plenitud divina.

Si afirman de nuevo que estas cosas de abajo son una sombra de las de arriba, como algunos sostienen confiadamente, haciéndolas imágenes, entonces deben admitir que las de arriba tienen cuerpos. Pues los cuerpos de arriba sí proyectan sombras, pero las sustancias espirituales no, ya que no pueden oscurecer en modo alguno a las demás. Incluso si les concedemos este punto (aunque es realmente imposible), que hay una sombra que pertenece a las esencias espirituales y luminosas, en la que dicen que descendió su Madre; sin embargo, puesto que las cosas de arriba son eternas y su sombra dura para siempre, se sigue que estas cosas de abajo tampoco son temporales, sino que perduran junto con las que proyectan su sombra sobre ellas. Por otra parte, si estas cosas de abajo son temporales, significa necesariamente que las de arriba, de las que éstas son sombra, también pasan; mientras que, si perduran, su sombra perdura también.

Si, por el contrario, afirman que la sombra mencionada no es creada por la sombra de los de arriba, sino simplemente porque las cosas de abajo están muy separadas de las de arriba, acusarán a la luz de su Padre de ser débil e insuficiente, como si no pudiera alcanzar esas cosas, fracasando en llenar lo que está vacío y en disipar la sombra, incluso cuando nada se lo impide. Según ellos, la luz de su Padre se convertirá en tinieblas, quedará sepultada en la oscuridad y terminará en lugares definidos por el vacío, ya que no puede penetrar y llenarlo todo. Que dejen entonces de afirmar que su Bythus es la plenitud de todas las cosas si en realidad no ha llenado ni iluminado lo que está vacío y ensombrecido. O que dejen de hablar de vacío y sombra si, en verdad, la luz de su Padre lo llena todo.

Más allá del Padre primario, que es el Dios sobre todo, no puede existir el Pleroma en el que afirman que descendió la Enthymesis de ese Æon que experimentó la pasión (de modo que el Pleroma mismo, o el Dios primario, no estaría limitado y encerrado por lo que está más allá, y de hecho estaría contenido por ello). Tampoco puede existir el vacío o la sombra, puesto que el Padre existe de antemano, asegurando que Su luz no puede fallar y terminar en un vacío. También es irracional e impío imaginar un lugar donde Aquel que es el Propagador, Proarca y Padre de todos, y de este Pleroma, llegue a su fin. Además, no es permisible, por las razones ya dadas, afirmar que algún otro ser creó un universo tan vasto dentro del Padre, ya sea con o sin Su consentimiento. Pues es igualmente impío y necio decir que una creación tan grande fue hecha por ángeles, o por algún ser particular inconsciente del verdadero Dios en Su propio dominio. Tampoco es posible que las cosas terrenales y materiales se hayan formado dentro de su Pleroma, puesto que es totalmente espiritual. Además, ni siquiera es posible que las cosas pertenecientes a una creación diversa y formadas con cualidades opuestas hayan sido creadas a imagen de las cosas de arriba, ya que se dice que estos Æones son pocos y de forma similar y homogénea. Su discurso sobre la sombra del kenoma -es decir, el vacío- ha resultado ser falso en todos los sentidos. Su idea, pues, por muy vista que esté, ha demostrado carecer de fundamento, y sus enseñanzas son insostenibles. Vacíos están también quienes les escuchan, descendiendo verdaderamente al abismo de la destrucción.

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